Semana 8 de embarazo

La evolución del cuerpo de la mujer en el embarazo permite reconocer en qué etapa de la gestación está y qué medidas beneficiosas puede tomar para el óptimo desarrollo del bebé. Este artículo explica todo lo que necesitas saber durante la semana 8 de embarazo.

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Octava semana de gestación

En esta semana todavía la cabeza es demasiado grande en proporción al cuerpo, puede notarse incluso la formación de la nariz, orejas, labios y mandíbula inferior. El tamaño del feto puede asemejarse al de una frambuesa. La columna empieza a mostrarse más erguida. La “cola” que tenía el embrión empieza a ser sustituida por los huesos que conforman el coxis.

Los ojos empiezan a crecer, los dedos de manos y pies están en plena formación, aunque aún no se separan uno de otro.  Es el momento ideal para realizar una ecografía que confirme la edad del feto y permita escuchar con claridad los latidos del corazón del bebé. Otros aspectos relevantes del desarrollo en esta semana son: El cerebro empieza a dividirse y torcerse para formar las distintas áreas cerebrales, y la placenta empieza a funcionar como receptora de nutrientes para el feto alimentándolo a través del cordón umbilical.

Cambios corporales en la semana 8 de embarazo

Los calambres en la zona baja del vientre, los costados y las piernas empiezan a aparecer debido a las contracciones uterinas y los cambios en el sistema circulatorio. Las náuseas e intolerancias a olores o alimentos llegan a su máxima plenitud en esta semana, disminuyendo al final del 3er mes. Esto, sumado a los súbitos cambios de ánimo se debe a las alteraciones hormonales que sufre el organismo. Los dolores en las piernas pueden darse debido a la presión que recibe el nervio ciático por el útero en crecimiento. Acostarse del lado opuesto a la pierna dolorida puede ayudar a disminuir el dolor y la presión.

Consejos de bienestar para la octava semana de embarazo

Los mareos se hacen más fuertes durante esta etapa debido al esfuerzo que realiza el corazón de la madre en contra del peso en el vientre y la gravedad natural, para llevar sangre al cerebro. Por lo tanto, es recomendable levantarse gradualmente, ayudándose con almohadas hasta lograr sentarse, y luego también de forma paulatina, ponerse de pie.