La salud intestinal y la depresión están estrechamente conectadas

Todo eso resultó cierto. En 2011 varios científicos por separado aseguraban que la conexión intestino-cerebro era cierta. En uno de los estudios científicos de la Universidad McMaster, demostraron en ratones cómo las bacterias intestinales producían ansiedad y depresión.

Para 2019 probaron que lo mismo ocurre en humanos. La microbiota intestinal está compuesta por miles de millones de organismos y comprobaron que influyen en el cerebro. Pero, además producen sus propios compuestos químicos.

Para la muestra usaron datos de la composición microbiana intestinal y de diagnósticos médicos de depresión en 1054 individuos. Identificaron que las bacterias Coprococcus y Dialister están en cantidades ínfimas en la microbiota intestinal de personas con depresión. Comparadas con personas sin la enfermedad.

Lo siguiente fue validar los resultados en otra cohorte de 1000 personas clínicamente deprimidas, pertenecientes al Hospital Universitario de Leuven.

“La relación entre el metabolismo de la microbiota intestinal y la salud mental es un tema controvertido en ciencia (…) En nuestro estudio hemos logrado identificar diversos grupos de bacterias que varían en función de si la persona tiene o no depresión y también de la calidad de su salud mental”, dice en un comunicado Jeroen Raes, quien participó en el trabajo y es investigador acreditado del Centro de microbiología de la Universidad de Leuven.